Clinical Professor ¿Viable?
La idea de este escrito la tuve luego de escuchar una entrevista que le realizaron a Alejandro Ruelas-Gossi, Doctor en Estrategia de la Universidad de Navarra (España); donde lo presentan como Clinical professor. Mi primera asociación con el término fue con el área médica, pero al terminar la presentación, precisamente le preguntan a Alejandro ¿qué es eso de Clinical Professor? Esencialmente es, que las teorías que se generan en el ambiente académico-investigación, tengan aplicación en la práctica de la vida real.
Esto me llevó a recordar mis aportaciones en las investigaciones en las que participé (las cuales también las pueden consultar en esta página). Mis investigaciones, al igual que las de la mayoría de mis compañeros que publican, son descriptivas, es decir, se comenta un período en particular, pero no hay ninguna aportación práctica.
Lo anterior nos puede llevar a entrar en un estado de conformidad, matando la innovación, y vivir en un estancamiento intelectual. Hace un tiempo relativamente cercano, terminé de leer la biografía de Jennifer Doudna (una bioquímica investigadora, ganadora del Premio Nobel de Química 2020), escrita por Walter Isaacson. Lo que quiero resaltar es lo siguiente: la innovación está compuesta por 3 elementos que deben de converger para el beneficio y desarrollo de un país (la universidad, el gobierno y la industria). Esta tripleta también se menciona en algunos programas académicos de posgrado. Irónicamente, la misma tripleta suele no ser aplicada y quedarse solo en el salón de clase.
El problema principal que me atrevo a poner sobre la mesa es la falta de integración de los intereses por parte de los 3 componentes. Abordaré los componentes de la universidad y la industria, ya que son en los que tengo experiencia.
Hoy en día, bastantes universidades tienen como uno de sus objetivos prioritarios, generar la mayor cantidad posible de egresados; y una de las maneras que han encontrado es quitando la elaboración y defensa de un proyecto de investigación, lo cual disminuye las oportunidades de desarrollar la capacidad de formular y dar respuesta a cuestionamientos que nutren el entendimiento de algo. Las aportaciones al conocimiento (en cualquier área) que actualmente se hacen por parte de muchas instituciones educativas están reducidas a las materias de investigación del plan académico, con contribuciones demasiado superficiales al tema que se investiga.
Durante el tiempo en que estuve impartiendo este tipo de materias, me encontré en varias ocasiones con los mismos temas, mismos problemas y mismas conclusiones. Esto lo podemos resumir a la poca continuidad a investigaciones pasadas, imagínense el gran camino que ya tendríamos si poco a poco hubiéramos avanzado.
Otro punto interesante es la desconexión de las necesidades de la industria por parte de las autoridades académicas, y espero no se tome a mal (incluso yo estuve en esta situación); sería ideal que los docentes tuvieran comunicación constante con el sector industrial; podría formarse una sinergia que ayudaría a los estudiantes e investigadores a aportar soluciones innovadoras a los problemas que se presentan en las organizaciones. En el tiempo que he estado de “godín” he recurrido a las bases de datos de universidades para encontrar una clase inspiración y poder dar respuesta a conflictos dentro de la empresa; lamentablemente todo lo que encuentro son investigaciones descriptivas sobre el tema, donde la aportación no va más allá de los resultados de una encuesta.
A forma de conclusión me cuestiono: ¿es necesario un Clinical professor? Me atrevería a decir que totalmente sí, pues es un punto de enlace entre los tres elementos de la innovación. Sin embargo, las habilidades que se necesitan para llegar a ello llevan tiempo en ser desarrolladas, y entre más pronto se inicien, podría ser mejor para todos.